En la ribera del rÃo cercano al pueblo se juntaban todas las tardes a conversar Gonzalo , Antonio y MarÃa. Desde allà podÃan observar sus casas y la de sus vecinos, les gustaba burlarse de Don Pancho “ el lechero†ya que siempre le compraban leche pero nunca le pagaban. Ellos eran el alma de aquel pequeño poblado, siempre iban riendo de aquà para allá alegrando a todos los que estuvieran en su camino.
Gonzalo tenia 15 años, era un chico flacucho , de tez blanca y muy inteligente, Antonio era fornido, moreno y con gran habilidad para los números aunque tambien muy tÃmido, tenia 14 años al igual que MarÃa una niña muy hermosa y trabajadora. Desde muy niños habÃan creado una amistad a toda prueba, nunca se les veÃa enojados o peleando, decÃan que todo lo arreglaban conversando.
Se destacaban por ayudar en sus casas en todo lo que les pidieran, se les podÃa ver sembrando la tierra, cortando leña, o alimentando a los animales.
Esto era lo que mas les agradaba, amaban a los animales, sobre todo a “PorotÃn†un cerdito que estaba a punto de morir y que gracias a sus cuidados ahora era el mas fuerte de todos.
AgradecÃan haber nacido en el campo, cuando iban a vender las cosechas a la ciudad, ansiaban volver pronto, respirar el aire y beber el agua que sólo ahà podÃan encontrar.
Un dÃa de mayo en su tÃpico encuentro en el rÃo, MarÃa les comunicó que tendrÃa que dejar el pueblo debido a que su abuela estaba enferma y ella irÃa a cuidarla. Antonio y Gonzalo prometieron que todo el tiempo que ella estuviera fuera del pueblo la recordarÃan y que cuando regresara todo serÃa como siempre.
AsÃ, partió MarÃa a cuidar a su abuela que vivÃa en la ciudad un dÃa sábado del mes de Mayo, el dÃa anterior le hicieron una gran fiesta, los muchachos le regalaron una pequeña plantita, y le dijeron que al volver esta tendrÃa que estar hermosa para demostrar que no los habia olvidado.
Los jóvenes trabajaban arduamente para que asà cuando MarÃa volviera , encontrara todo igual o mejor. Por su parte MarÃa sabÃa que estaba haciendo un bien ayudando a su abuelita, pero todo lo que ella adoraba estaba en su pueblo, todo era diferente en la ciudad, la forma de vida, los olores, los sabores , hasta las personas, ella no encajaba en ese lugar.
Por las noches se imaginaba en el rÃo, ordeñando sus cabras, jugando junto a sus amigos. Se preguntaba cuando estarÃa con ellos otra vez.
Gonzalo y Antonio cada vez que podÃan le enviaban cartas contándoles con detalles las ultimas novedades del pueblo, que PorotÃn era papá de 10 cerditos, que la vaca ya no daba tanta leche, también le contaban cuantas papas habÃan obtenido en la última siembra , que ya no estafaban a Don Pancho, pero lo que más recalcaban era que la extrañaban y querÃan mucho.
Después de seis meses, recibieron una carta de MarÃa, donde les anunciaba que su abuela estaba mejor y que volvÃa al campo. Desde ese momento empezaron los preparativos del recibimiento, ella llegarÃa un domingo por la tarde. Aquel dÃa todo el pueblo estaba esperando la llegada de MarÃa en la casa de Antonio, cuando empezó a anochecer y ella no llegaba Gonzalo presintió que algo andaba mal, le dijo a Antonio que salieran a dar una vuelta a la estación para saber a que hora llegaba el bus proveniente de la ciudad, cuando llegaron al lugar se enteraron que ese bus se habÃa volcado y que los pasajeros se lo habÃan llevado al hospital del pueblo vecino y que estaban muy graves.
Esa fue una noche angustiosa, no tenÃan como movilizarse porque era muy tarde, y la espera de noticias se les hacia larguÃsima.
Al dÃa siguiente, camino al hospital se toparon con una carroza fúnebre, le preguntaron al chofer de quien se trataba y él les contesto que era una niña llamada MarÃa que habia muerto debido a un accidente la noche pasada, los jóvenes no podÃan creerlo, su amiga de infancia con la que compartieron todos los momentos mas importantes de sus vidas ya no estarÃa nunca más junto a ellos.
Al velorio asistieron todas las personas del pueblo, al pasar junto al ataúd y ver que la plantita que un dÃa se llevara en recuerdo de sus amigos ahora era un bello gomero que adornaba la pieza en donde era velada , las lagrimas afloraban y caÃan por sus mejillas como riachuelos.
En el funeral los jóvenes se despidieron de MarÃa diciéndole que sus amistad se mantendrÃa intacta porque estaban seguros que mientras estuvieran en el campo su espÃritu estarÃa junto a ellos, además le prometieron que para que nadie nunca olvidaran que un dÃa existió por esos lugares una gran niña llamada MarÃa, harÃan un vivero que llevarÃa su nombre, en el cual sólo se plantarÃan gomeros , desde ese dÃa y para siempre aquel pueblo fue conocido como “ El pueblo de los gomerosâ€.